Estamos tan acostumbrados a funcionar y relacionarnos desde el ego que se nos ha olvidado quien somos realmente.   

Porque no somos nuestro ego. 

No somos esa máscara tras la cual nos escondemos. 

No somos esa máscara que, de tanto usarla para esconder nuestras heridas, hemos acabado por creer que somos. 

En el libro “Las 5 heridas emocionales que te impiden ser tú mismo”, la autora hace una afirmación, que a mí, se me quedó tatuada en la mente:

 

“El ego no quiere que sanes tus heridas” 

 

Mi primera reacción al leer esta frase, fue: 

“¿Cómo? ¿Qué?” 

Me quede estupefacta. 

Y es que el ego cree que si sanamos nuestras heridas entonces él desaparecerá. 

El ego cree que utilizando sus “máscaras” nos hace un favor porque nos protege del dolor que nos provocan las heridas que llevamos en nuestro interior sin sanar. 

Esas máscaras serían como llevar una armadura para evitar que, al entrar en contacto con otras personas, ellas puedan rozar nuestras heridas y así evitar que nos duelan.  

Pero siguiendo este ejemplo es evidente que eso no soluciona el problema porque las heridas siguen abiertas en el interior de la armadura y esta solo hace que alejarnos de los demás, apartarnos para protegernos.  

El ego cree que nos hace un favor protegiéndonos pero en realidad es como el dicho o refrán:

 

“Pan para hoy y hambre para mañana”.

Porque al relacionarnos desde la máscara no sentimos la herida o al menos no con tanta intensidad, pero eso solo hace que perpetuemos el sufrimiento de llevar en nuestro interior heridas sin sanar.

Por lo que la mayor parte de nosotros andamos por la vida con unas cuantas heridas sin sanar, sin saber que las tenemos y buscando la forma de compensar o evitar entrar en contacto con ese dolor profundo.

Y es que te aseguro que la mayor parte de las veces no somos conscientes de la existencia de estas heridas, ni de cómo nos limitan actualmente.

Un indicador de la magnitud de ellas es la cantidad de tiempo que utilizar las máscaras del ego. A mayor tiempo, mayor es la herida. 

No nos han enseñado, o por lo menos a mi no me enseñaron, a mostrar lo que sentimos, sino a protegernos, a esconderlo.

Si alguien te hace daño, quizás sientas la necesidad de devolvérselo (eso es ego). En cambio, ¿qué tal sería expresarle a esa persona cómo te sientes?

Todos los argumentos o pensamientos que ahora estén viniendo a tu mente, en contra de esta idea, es tu ego tomando el control y disuadiéndote de esta idea.  

Te sorprendería darte cuenta de cuantas de las discusiones o desencuentros que tienes con otras personas, en realidad esconden una herida más profunda sin sanar. 

Pero esa herida es tan dolorosa que para no sentir el dolor que nos provoca nos distraemos con otras cosas.

El miedo al abandono, al rechazo, a la injusticia, a la traición o a la humillación son las heridas que esconden la mayor parte de los desencuentros que puedas tener en la vida.

Cuando una amiga no te invita a la fiesta de cumpleaños y te enfadas porque no te ha invitado, quizás detrás hay una herida de rechazo que se gestó en tu infancia.

Pero preferimos enfadarnos con la amiga que hacer frente al inmenso dolor que sentimos al sentirnos rechazados por alguno de nuestros padres.

Y, probablemente, no nos rechazó pero en aquel momento fue como nos sentimos.

Quizás huyas de mantener una relación con una pareja o la saboteas sin darte cuenta, convenciéndote con argumentos de tu decisión de romper la relación cuando en realidad esta situación lo que realmente hace es huir del dolor que te provoca el miedo al abandono.

Seguramente tus padres no te abandonaron pero quizás con la llegada de un hermano o al irse tus padres de vacaciones dejándote a ti en casa de tus abuelos, te sentiste que te abandonaban.

Y por favor, no interpretes esta situación con la mente de un adulto sino con la mente y el corazón del niño que vivió aquella situación. 

El ego es muy bueno utilizando sus estrategias para que no toques ese dolor.

Él cree que te hace un favor. Pero en el fondo lo único que consigue es que tú no sanes tus heridas.

El primer paso sería darnos cuenta de qué hay detrás de “eso” que me está molestando. 

¿Me estoy sintiendo abandonada, rechazada, traicionada, humillada o estoy viviendo una injusticia?

Lo siguiente sería no reaccionar desde el ego y expresar lo que sentimos.

Poder mostrar nuestra vulnerabilidad.

Y sé que aquí el ego está soltando toda su retahíla de argumentos en contra. Esta es su forma de perpetuar la herida. 

Nos duele demasiado ir al origen de nuestras más profundas heridas emocionales, pero esta es sin duda la manera de que las podamos sanar y dejar de ser esclavos de nuestro ego. 

Dejar de  reaccionar para protegernos de nuestro propio dolor y ser libres para mostrarnos y expresarnos desde lo que sentimos es el primer paso hacia la sanación de nuestras heridas más tempranas. 

 

 

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Si lo prefieres aquí puedes ver los testimonios de algunas de las personas con las que he tenido el placer de trabajar. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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