¿Estás harta de pelear con tu hijo/a y que no sirva de nada?

¿Ya no sabes qué hacer para darle la vuelta a esta situación?

¿Te desquicias porque ya no puedes más?

Tanto si tienes un hijo/a pequeño/a como si es adolescente, es posible que te encuentres en una situación que ya no sabes cómo gestionar. 

 

Montserrat y su hijo

Montserrat no podía más cuando vino a verme. Primero lo hizo su hijo. Él tenía un comportamiento agresivo, era retador y desafiante; tanto en casa como en la escuela. 

Cuando conocí al niño, él apenas tenía amigos en clase. Recuerdo que después de trabajar con él, me contaba su madre, que estaba muy contenta porque, por primera vez, su hijo había celebrado su cumpleaños con amigos. 

Un día le dije a la madre, a Montserrat, que si quería que la situación avanzara más; era mejor que viniera ella a hacer alguna sesión.

Habitualmente cuando planteo esto a los padres, suelen ser reticentes. Porque quieren que solucione el problema en el niño.

Lo que no se dan cuenta los padres es que es la dificultad que tienen ellos en gestionar a sus hijos lo que hace que los hijos se comporten de determinada manera. 

Un niño desea tener unos padres con los que sentirse seguros, con los que sentirse protegidos, que les pongan límites, aunque a priori parezca que se rebotan ante ellos. 

 

Que cambien los demás

Es algo habitual, querer que cambien los demás, sin necesidad de cambiar nosotros mismos. De hecho, nos parece muy fácil que cambien los demás pero, en cambio, vemos muy difícil (o imposible) cambiar nosotros mismos. 

Y, la verdad, es que cambiemos nosotros, depende de que cambien nuestras emociones. 

Si yo, delante de una rabieta de mi hijo, me enfado y eso acaba provocando una pelea entre los dos; si sigo enfadándome será muy difícil que yo cambie mi forma de reaccionar. Pero, ¿y si ante la misma situación, dejo de reaccionar enfadándome? ¿Qué pasaría? Pues que mi reacción, será distinta. Y, si mi reacción es distinta, la de mi hijo o hija también lo será. 

Hay una parte de ego que nos impide reconocer que la clave la tenemos nosotros mismos y nos empeñamos en que la única solución es que cambie el niño, que cambie la niña, que deje de hacer no sé qué, o deje de decir no sé cuantos. 

Pero, probablemente detrás del comportamiento de tu hijo/a hay una necesidad no cubierta que es la que hace que se comporte de esa manera, de forma inconsciente, buscando esa reacción en ti, que le permite cubrir su necesidad: de atención, de reconocimiento, etc. 

Pedirle a tu hijo/a que cambie su forma de hacer es una batalla perdida. De hecho, piénsalo, sintiéndote como te sientes en esas situaciones, ¿te verías capaz de cambiar tu forma de reaccionar en ellas?

Probablemente la respuesta sea que no, porque las emociones son tan fuertes que te impiden hacer las cosas de otra forma, aunque quieras. 

 

El caso de Raquel

Y también puede ser que te pase como le pasaba a Raquel, que tenía a una niña muy pequeña, que cogía unas rabietas impresionantes y Raquel estaba que no podía más. No quería pegar a su hija y, de hecho, no lo hacía; pero la rabia e impotencia que le generaba ver a su hija con esas rabietas, sin saber qué hacer para calmarla, la llevaron a sufrir un dolor muscular durante 8 meses que la masajista no pudo quitarle, pero en cambio se le fue después de 3 sesiones de wingwave. 

Y es que el cuerpo somatiza el estrés que vamos acumulando y al que no le damos salida. 

 

El caso de Isabel

Recuerdo el caso de Isabel, que tiene 3 hijos, la mayor una chica adolescente con la que chocaba mucho. Y lo hacía porque Isabel intentaba protegerla para evitar que le pasara a su hija lo que le había sucedido a ella en la adolescencia, bullying.

Isabel se veía a sí misma reflejada en su hija y le insistía en que hiciera dieta para evitar que la rechazaran. La hija no quería hacer dieta, no se sentía rechazada; era la película de Isabel proyectada en su hija la que le hacía sufrir pensando que le podía pasar lo mismo que a ella. Eran sus propias heridas sin curar las que le estaban doliendo. 

Cuando Isabel curó sus heridas, entonces la relación con su hija mejoró, porque dejó de insistirle con el tema de la dieta, ya que había dejado de proyectar su propio dolor en su hija. 

Los hijos, al igual que con el resto de personas en nuestra vida, son un espejo en el que ver reflejadas nuestras propias carencias, nuestras limitaciones, nuestros dolores, nuestros sufrimientos. 

Y para no sentir nosotros ese dolor, que en realidad es nuestro, pretendemos que sea nuestro hijo o hija el que deje de hacer esto o aquello; para que así yo no tenga que verme reflejado en él o ella. Pero, es mejor que cada uno se haga cargo de lo suyo y lo solucione, que pretender que sea mi hijo o hija que se haga cargo de lo mío y lo solucione por mí. 

Si quieres que esta u otra situación que te angustia o te genera malestar formen parte del pasado, si deseas recuperar la seguridad en ti misma, si deseas recuperar la confianza en ti y darle la vuelta a esta situación y que la relación con tu hijo o hija mejore, te invito a que solicites una sesión de valoración gratuita.

En ella podrás explicarme cuál es la situación actual, a qué retos estás haciendo frente, qué te gustaría conseguir y valoraremos si lo que yo hago te puede ser de ayuda.

 

¿Quieres mejorar la relación con tu hijo/a?

 

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