Cuando venimos al mundo llegamos casi como un folio en blanco. 

 

Y digo casi porque ya venimos condicionados por algunas cosas, como son los 9 meses que pasamos en la barriga de nuestra madre y cómo vivió y se sintió ella durante ese periodo de tiempo.  

 

También estamos condicionados por nuestro ADN. 

 

Y, al margen de esto, es como si fuéramos un folio en blanco con toda una vida por delante para ir rellenando un folio tras otros.  

 

Imagínate este folio como la arena de la playa a primea hora de la mañana, después de que durante la noche haya pasado la máquina limpiándola y alisando la arena. 

 

Tú eres la primera persona en llegar a esa playa y a medida que caminas sobre la arena vas dejando tras de ti las hu7ellas de tus pies marcadas en esa arena que antes era lisa. 

 

A media que sigues caminando, cada vez hay más huellas detrás de ti. 

 

Y, a medida que van llegando más personas a la playa, más huellas hay en la arena, hasta que llega un momento que absolutamente toda la arena está rellena de huellas y marcas que se mezclan entre sí y ya no se distinguen unas de las otras.  

 

Esto es una metáfora de lo que nos sucede a nosotros con ese folio en blanco con el que llegamos a la vida. 

 

Lo vamos llenando de experiencias, de emociones, de sensaciones, de creencias… Y todo aquello que rellenamos en nuestros 7 a 10 primeros años de vida, va a condicionar, aunque no lo queramos, fuertemente nuestra vida. 

 

Y esto no va a depender únicamente del tipo de experiencias que tengamos en esos años sino, y sobre todo, de cómo las hayamos vivido, interpretado y digerido. 

 

Las primeras impresiones son muy determinantes en nuestra vida, nos guste o no. A no ser que ya de adultos hagamos algún tipo de terapia o trabajo personal para evitar repetir situaciones, patrones emocionales, experiencias… Que de forma  inevitable se repiten en nuestras vidas.

  

Si te sentiste rechaza por alguno de tus padres es probable que te encuentres con situaciones, personas o relaciones donde te sientes también rechazada.

  

Y es muy probable que esto sea algo que no desees para nada en tu vida, pero que es un patrón que se repite de forma inevitable. 

 

Tendemos a repetir aquello que vivimos en nuestra infancia, aunque no sea lo que nos haga felices. 

  

Quizás no lo repitamos exactamente igual pero al observarlo en detenimiento verás que en el fondo ay un denominador o elemento común que se repite.

 

En mi caso yo me sentí rechazada de pequeña y esto ha condicionado fuertemente mi vida sin que fuera consciente de ello. 

  

Me he ido encontrando en situaciones laborales, personales, familiares y de pareja donde esto se ha seguido repitiendo.

  

Estas situaciones se presentaban en mi vida como una repetición de lo vivido en mi infancia y me ofrecían la posibilidad de sanarlo.

 

Durante muchos años me enfadé con las situaciones de rechazo o con las personas que yo sentía que me rechazaban.  

 

Hasta que me di cuenta que en realidad era yo la que me rechazaba a mi misma. Esto te aseguro que era algo absolutamente inconsciente. Si me lo hubieras preguntado antes de sanarlo te hubiera dicho que no me rechazaba a mi misma.

  

La verdad es que cuando algo que viere de afuera nos duele dentro, y cuando digo nos duele, puede ser que lo vivas como que te enfada o te frustra; es porque la herida está dentro  de nosotros.

 

 Yo te aseguro que me he peleado con las situaciones donde me sentía rechazada, millones de veces.

 

  Era menos doloroso enfadarme con esas situaciones que entrar en contacto con un dolor más antiguo y profundo donde me sentí rechaza por uno de mis padres o por los 2.

 

  Pero te aseguro que lo realmente interesante, sanador y liberados es hacer frente a nuestras heridas más profundas.

  

Eso es lo que nos devolverá la libertad para ser quienes verdaderamente queremos ser y no quien nuestras heridas nos dejan ser. 

 

 Las heridas no sanadas limitan nuestro presente y nuestro futuro y sino piensa en cuando te duele una mano y no puedes coger según que cosas o según de qué manera, porque sino te duele. 

 

 Yo no sé tú, pero ami mi libertad por encima de todo. Y trabajo para sanar mis heridas y ser libre emocionalmente para vivir la vida que quiero, deseo y me merezco. 

  

Si quieres vivir tu vida en libertad y dejar de estar condicionada por tu pasado clica aquí y solicita una sesión de valoración gratuita conmigo.   

 

 Si lo prefieres aquí puedes ver los testimonios de algunas de las personas con las que he tenido el placer de trabajar.  

 

 

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