Mi infancia no fue fácil

Con 8 años mi madre tenía una profunda depresión que la tuvo sin salir de casa durante 1 año y que tardó 5 años en superar.

Yo iba a comprar al mercado cuando salía de la escuela y al llegar a casa, hacía lo que podía: lavar platos, barrer, fregar el suelo…

Con 8 años prácticamente me convertí en el ama de casa.

 

Maltratos físicos y psicológicos

Mi padre trabajaba todo el día y nos maltrataba física y psicológicamente, lo hizo siempre y no era alcohólico, esto es algo que en alguna ocasión me han preguntado como posible justificación a su comportamiento.

Recuerdo el miedo que sentía de pensar que mi padre iba a volver a casa. Temía que llegara el fin de semana y las vacaciones, porque sabía que entonces pasaría muchas más horas con él, y las probabilidades de que me pegara aumentaban.

Deseaba que se quedara trabajando hasta tarde y que tuviera que trabajar los fines de semana.

Ahora soy consciente de todo el miedo con el que viví.

No tengo muchos recuerdos de mí jugando. De hecho hay muchos recuerdos que no tengo. 


Test de Ansiedad 

Demasiado responsable

Crecí siendo responsable, demasiado para mi edad.

Perdiéndome lo que por edad me tocaba: jugar, divertirme y no preocuparme de nada.

Yo era consciente de las dificultades económicas de llegar a final de mes, a pesar de que mi padre siempre tuvo trabajo y un sueldo que estaba bien, pero su gestión del dinero era de gastar más de lo que ingresaba y eso le obligaba a tirar de tarjetas, créditos y de que nos fiaran en el supermercado hasta final de mes.

Cuando tuve 14 años mis padres se separaron y pensé que allí empezaría mi vida.

La verdad es que aquel momento lo recuerdo como si yo hubiera sido una botella de Coca-Cola a la que habían estado agitando durante mucho tiempo y de repente la abren y sale el líquido a toda presión…

A partir de aquel momento empezó a salir parte del enfado que llevaba dentro, por tanta represión y maltrato.

 

Ira congelada

Lo que no me di cuenta es que la ira seguía estando dentro de mí, congelada, petrificada… Pero dentro mío.

Esa rabia es la que me ayudó a tirar adelante, a conseguir lo que me proponía: diplomarme en empresariales, encontrar un trabajo estable, comprarme un coche y más tarde un piso…

De lo que no me di cuenta es del lado B de esa rabia que iba conmigo a todas partes. De cómo esa rabia tapaba o escondía una profunda tristeza por todo lo que había vivido. Pero la tristeza no era algo que me hubiera permitido en mi vida.

Esa tristeza la llevaba escondida, tapada, enterrada… me acompañaba en silencio. Cuando algo iba mal, me agarraba a la rabia para tirar hacia adelante, ella era la que me daba impulso. Pero no me daba cuenta que, en realidad, debajo había una profunda tristeza.

Recuerdo un día, ya casada, que estaba sola en casa. Y de repente me di cuenta que me sentía intranquila, temerosa.

Me pregunté por qué me sentía así, y observé que mi pareja estaba a punto de llegar a casa.

Inconscientemente estaba reviviendo el miedo que sentía cuándo volvía mi padre a casa.

Daba igual que no se tratara de mi padre, mi mente percibía esa situación como similar y reaccionaba con temor.

 

El cuerpo lleva la cuenta

Nuestra mente consciente en parte olvida, pero la inconsciente quizás no y el cuerpo tampoco.

El cuerpo recuerda lo que sintió y lo manifiesta a través de lo que sentimos en un momento determinado, a pesar de que no lo lleguemos a entender, a pesar de que no tenga lógica.

Es increíble la memoria que tenemos, de la que no somos conscientes y cómo esta memoria nos puede llegar a afectar, muchísimos años más tarde, sin que seamos conscientes de que lo está haciendo y sin que lo podamos evitar a través de nuestra voluntad.

Nuestra mente olvida, nuestro cuerpo no. 

Mi propósito vital es ayudar a otras personas a curar sus heridas, acompañarlas a que consigan ser felices y disfrutar de su vida. 

Acompaño a personas que, como yo, no quieren ser esclavas de su pasado sino  capitanes de su vida.

 

Si tú eres una de ellas y quieres que te ayude a vivir en paz, te invito a que solicites una sesión de valoración gratuita para ti

¿Quieres sentirte en paz?

 

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